viernes, 10 de diciembre de 2010

97

Te miro de abajo a arriba.
Se diga como se diga
desde el suelo
los zapatos siempre llegan antes.

sábado, 27 de noviembre de 2010

96

Luz verde.
Pase la avenida, entre en casa, bese a su mujer. Piense en mi.

domingo, 21 de noviembre de 2010

95

Todo el mundo está mirando abajo pero
antes que eso, sigo enrevesando fronteras.
Colaboradores de una guerra inventada
siguen matando pájaros que escapan.
Ponte el abrigo, pájara.
Llora conmigo, permíteme que ensucie
ahora.
Que hubiera conejos surcando escaleras
infinitas, escaleras de esas
ni suben ni bajan.

martes, 16 de noviembre de 2010

94

Esto es un crimen desde el momento en el que todos asumimos que no hay nada más que el mundo quiera escuchar. Ya oyen demasiado. Sigo abogando por un reino blanco. Gracias.

sábado, 16 de octubre de 2010

Si alguien me llama piojosa le contestaré...

Piojoso,

la magnífica historia del hiper Piojo-Oso, que no es un supermercado de canela, sino un vendedor de sonrisas al mejor postor.

Con su pelo encrespado y su maraña vil, llora en paragüas para no encharcarle las suelas a nadie. Qué dolor, oh triste corazón, envolver palabras escupidas en perfumes caros y semibaratos. ¿Dije qué dolor? Horror, perdón. Machacando y exprimiendo flores anda Piojoso y con sus manos pegajosas acciona el interruptor del mal: pegando todos sus piojos a la bella piel de sus osos. Pero ni unos pican ni otros revuelcan sus cuerpos sobre la yerba, porque, ¿qué? Ah sí, digamos que piojoso puede conseguir todo, todito lo que él quiera y como no es tan malo, en el fondo fondo, solo lo inventa. Eso sí, cuidado con meterse con su señora Imaginación.

93

Vestido de seda,
disfraz de alambre.

Que me coma
quien tenga hambre.

92

En las veces que follaron antes y durante ese año, nuestros padres ya no fueron los mismos.
Si éramos los primeros, hacer el amor resultaba excitante, para nada; un polvo triste.
De las cenizas que arrojaron ya nadie se acuerda, ni tampoco de qué sonaba en las cabezas.
Mañana ocurrió hace dieciocho años y cae el cenicero de cristal harto de tanto humo.
Nos volvimos fetos y luego llorones, las mamás tuvieron por fin sus muñecos de carne y hueso.
Nadie sabe si ellas aún eran capaces de jugar a las mamás.
Sin embargo, o con él, los verdes chocolates cafés, instrucciones médicas aparte, quedaron contrarecetados.
Madame la Carotte, invisible pero cierta, incierta pero viva, no pronunció aunque alguno.